miércoles, 20 de enero de 2016

10 DE ENERO. POR LOS MONTES ATLÁNTICOS DEL ALTO JARAMA.


Después de varios días de nieve y de ventiscas, vamos a andar por los montes atlánticos que cubren las laderas de las montañas, que configuran la cuenca alta del Río Jarama...




Son las 9´30 de la mañana. Desde las altas montañas baja una brisa fría, que corta cuando entra por la nariz... Los tímidos rayos del sol se cuelan por las nubes... Ponen ese punto de color en las copas de los árboles que tocan...




Aquí la naturaleza está poco influenciada por la mano del hombre. Es uno de esos lugares donde el clima y la geografía impidieron hasta fechas recientes, una mayor interacción en el medio natural, para obtener más recursos en forma de maderas, leñas y pastos.




En esta parte del río crecen grandes hayas, abedules y sauces de montaña, acompañados por robles albares y melojos. De la gestión racional de estos bosques, depende la calidad del agua que llega a la ciudad de Madrid y su área metropolitana, a través del Canal del Jarama. Nunca podemos olvidar, que lo que ocurra en el medio natural nos va a afectar, pues vivimos gracias a los recursos naturales.




Por los árboles pasa un bando pequeño de pájaros del bosque... Van registrando todas las partes de los árboles. Buscan insectos, crisálidas, sus huevos, pequeñas semillas... Sólo pueden encontrar alimento en los árboles, pues el suelo está cubierto por más de diez centímetros de nieve. Un carbonero común registra la rama seca de un sauce...




Junto al río, se localiza una de las hayas más grandes de toda la zona. Tiene una altura en torno a los cuarenta metros, y un tronco de unos siete metros de perímetro en su base.




Ahora, las nubes dejan pasar los rayos del sol. Crean un ambiente muy agradable en el interior del bosque. Por unos instantes la chispa de la vida lo inunda todo.




En estos periodos agradables, en los que las temperaturas se templan, la fauna se mueve con más alegría por el bosque y se hace más visible, sobretodo las aves.




Por la orilla del río veo a una lavandera cascadeña a la caza de insectos... Va recorriendo las piedras que sobresalen del agua, y se va parando en las pequeñas chorreras...




Ahora me paro unos instantes para observar el paisaje interior del bosque... Un bosque poblado de grandes árboles maduros y variados, con un cielo pintado de gris y el blanco manto del invierno que lo cubre todo. Un lugar donde se ve poco la huella del ser humano.




En esta zona de la ladera, veo la cama que se ha hecho el corzo después de la nevada. Se ven perfectamente las huellas, por donde entra y sale.




El clima que impera en invierno en la zona, es más templado que el que se da en la vertiente norte del Puerto de Somosierra, al otro lado de la montaña.




Un pico picapinos recorre la rama caída de un haya. De vez en cuando la picotea, la taladra con su pico "de acero", buscando insectos xilófagos en su interior. La abundancia de grandes ramas caídas y de árboles muertos, es muy importante para la biodiversidad del bosque, pues gracias a esto, ciertas especies de aves, mamíferos e insectos pueden habitar en él.




Las grades hayas que hoy podemos contemplar en la cuenca alta del Río Jarama, llegaron hace unos tres mil años, a través de los valles de los ríos Horcajo, Ermito y Berbellido.




Sobre la blanca nieve se ve todo... Hojas, frutos de hayas, semillas, pequeñas ramas...




A pesar de la climatología adversa, muchos de sus habitantes siguen aquí, aunque no los veamos. Viviendo el día a día, resistiendo la climatología, el hambre... Esperando tiempos mejores.




El agateador común, más pequeño que un gorrión, es uno de los pájaros que habita aquí durante todo el año. Esto es posible porque se ha especializado en la captura de insectos, larvas y huevos de estos, que se encuentran en las cortezas de los árboles.




El ambiente es frío en todos sus aspectos. Es solitario, es real. Un medio natural en el que el ser humano no podría sobrevivir, pero le atrae, le fascina... Sobretodo al habitante de la ciudad.




Junto al centenario roble albar, tienen el paso los corzos. Uno de ellos ha estado escarbando entre los musgos y las hojas, buscando brotes nuevos de herbáceas.




En esta zona son comunes las hayas, los robles albares y los acebos. Aquí, la recuperación natural del bosque ha corrido más.




Un grupo de pájaros del bosque pasa por la zona buscando alimento; en forma de insectos, larvas, pequeñas semillas, hayucos o bellotas, que no haya tapado la nieve. Un herrerillo común recorre la rama caída de un roble; al llegar al suelo, donde no hay nieve, picotea en la zona, donde seguramente encuentra algo para alimentarse.




Ahora, los acebos se van haciendo más abundantes, y la variedad de árboles es más notoria...




La luz fría de la tarde, nos muestra el enorme tocón de un haya que habitó aquí hace tiempo.




El cielo se ha cerrado, creando un ambiente lúgubre y solitario. La temperatura es templada, no hace nada de aire y el silencio es total.




La luz es espectacular esta tarde... A través del tronco de una haya y de un roble cubierto por la hiedra, se ve el bosque arropado por el manto blanco del invierno. Una época muy dura, que dará sus beneficios cuando llegue la primavera.




Una familia de trepadores azules recorre los grandes árboles... Uno de ellos picotea la rama seca de un roble, buscando insectos en el interior de la madera carcomida.




En las zonas más resguardadas del bosque, las hayas jóvenes mantienen las hojas secas del año anterior.




Las consecuencias naturales que traen estas importantes y regulares nevadas para el bosque, se ven en primavera y en verano. Mantienen el suelo del monte húmedo, en el que se desarrolla el ecosistema, y aumentan y mantienen el caudal de las aguas en los ríos, arroyos y manantiales, donde habita una fauna y una flora variada.




Al pasar junto a unos robles veo sobre la nieve un liquen. Una imagen que nos dice en que periodo del año estamos.




A penas quedan dos horas de luz... Junto a un roble albar de considerables dimensiones, me paro un instante para descansar y observar el panorama... El ambiente cada vez se va haciendo más frío. Sólo se escucha la ligera brisa que viene de las altas cumbres y el murmullo del río.




La luz se va apagando en el valle... La brisa vuelve a cortar otra vez. Si el invierno sigue regular y las precipitaciones en forma de nieve se suceden, esta imagen no desaparecerá hasta entrado el mes de abril.


4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hola Adrián. Gracias por el comentario. Un cordial saludo.

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  2. A 'Ojolince y Sra.' nos ha resultado muy placentero acompañarte virtualmente es este agradable paseo por el nevado monte.
    De forma tranquila, sosegada, deteniéndonos contigo a disfrutar del paisaje, atentos a las faenas de los pobladores, intentamos absorber la paz que transmite ese silencio de monte durante y tras una de sus importantes nevadas.
    Bello relato e imágenes!!
    Un saludo de 'Ojolince y Sra.'

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    1. De vez en cuando, merece la pena perderse por lugares así... Donde sabes que nos vas a ver a nadie y no vas a escuchar sonidos desagradables. Sólo los de la naturaleza... Y el silencio.
      Un cordial saludo a Ojolince y Sra.

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