jueves, 19 de junio de 2014

LA PRIMAVERA SE ACABA.




Amanece en el monte mediterráneo del centro de Madrid. Las grandes jaras apenas dejan ver nada. Cerca, escucho el monótono canto de una abubilla. Entre las varas de las jaras la observo. Está posada sobre la rama de una encina muerta. 




Al rato, cuando se va, me acerco a la encina para ver si en sus ramas se posa alguna rapaz... En el suelo veo una pluma de búho real. También veo excrementos blancos del búho y de una rapaz diurna mediana.




El sol va levantando y va llegando con su luz a más zonas del monte. En un pequeño claro veo a una encina muerta por un rayo. En la encina grande que hay a su lado, observo que tiene un nido grande y que alguien se mueve...




Con mucho cuidado y con la ayuda del teleobjetivo de la cámara, veo a la hembra de águila calzada posada en el nido, protegiendo a los dos pequeños aguiluchos que habrán nacido hace unos días. No se mueve, pero sus ojos observan todo lo que se ocurre a su alrededor. Durante unos minutos la observo a través del visor de la cámara. De vez en cuando se levanta una pequeña cabecita blanca...
Con mucho cuidado, al resguardo de las encinas y las jaras dejo la zona.




Desde que he entrado en el monte, hecho de menos al ser vivo más importante (sin quitar importancia a nadie) y más numeroso que existía aquí. Por cientos se veían en este tiempo y todavía no he visto uno... Me refiero al conejo.
En los pequeños claros donde apenas hay jaras, las grandes cañahejas crecen y desarrollan sus elegantes flores amarillas. Nos cuentan que el verano está próximo.




A estas flores se acercan multitud de insectos, como chinches, escarabajos, avispillas y mariposas. Son las últimas flores que se van abrir en primavera en el monte. Cerca de los ríos y arroyos, las flores aguantan un poco más.
Posada en la vara seca de una jara pringosa, descansa una mariposa grande de elegantes colores, conocida con el nombre de mariposa del madroño (Charaxes jasius).
Metido con la cámara fotográfica en el mundo de los insectos, no me doy cuenta del calor que hace, y como pega el sol.




A la sombra de una encina me paro y observo el panorama... Veo un valle muy abierto cubierto de grandes encinas y jaras pringosas, por el que discurre un arroyo. Al fondo se ve el encinar más aclarado, donde la intervención humana se ha dejado notar más.
El cielo está cubierto por un ligero manto de nubes. Me voy valle abajo buscando una zona más cerrada... A ver si tengo más suerte con los ciervos.




Una hembra de azor sale del monte y vuela en círculos cerca de la encina donde tiene el nido. Coge una corriente térmica y se eleva como una cometa, hasta hacerse un punto en el cielo...
Entre las jaras se arranca asustada una hembra de gamo. Me acerco, pero no veo a la cría. Más adelante salen más gamos.
Llegando a un enorme enebro de la miera, se levanta un elegante ciervo con la cornamenta bastante avanzada. Por las jaras... no le puedo fotografiar.




Al pasar cerca del enebro, algo de color verdoso se mete en un agujero que hay en la base del tronco. intuyo que es un lagarto. Me coloco a una distancia prudente y espero. Al rato asoma la cabeza y se muestra muy prudente... Es un lagarto ocelado hembra. Después de media hora larga se muestra completamente. Podemos ver las elegantes manchas azules de los costados.
Despacio, cojo la mochila y me marcho pensando... Lo abundantes y grandes que eran los lagartos ocelados en estos montes...




Desde una loma diviso la amplia panorámica del monte. Por el fondo del valle pasa un arroyo de agua limpia, en el que no faltan los manantiales en verano. Estas zonas son muy visitadas por los gamos y los ciervos en la primavera alta y el verano, pues aquí el pasto aguanta más y el agua y la sombra no faltan.




Cerca del arroyo, entre las grandes jaras y las encinas, casi sin hacer ruido, me van saliendo al paso grandes ciervos con la cornamenta a medio formarse. Parece que les da vergüenza mostrarse sin su corona.




El arroyo lleva poca agua. A la sombra de unos fresnos me refresco y bebo un poco. Luego busco una fuente, donde van a beber muchos pájaros de la zona... Medio tapado por el grueso tronco de un fresno y unas zarzas, aguardo una hora a ver quien se acerca para beber y refrescarse... Unos herrerillos y carboneros comunes entran casi seguidos. Al rato entra una paloma torcaz y un pequeño grupo de gorriones morunos. Sin hacerse notar, entra un alcaudón común un poco desconfiado, bebe y se marcha...
No aguanto más en esta situación tan incómoda, y me voy a descansar un rato debajo de una vieja encina, donde la sombra se agradece mucho y corre el aire.




Por la tarde paso por una zona del valle, donde tiene el nido la pareja de águilas imperiales ibéricas. Esta pareja lleva criando en este nido desde 1979...
Hago unas fotografías panorámicas con el teleobjetivo... Se ve perfectamente la silueta del árbol con el enorme nido, y la hembra posada en una rama cuidando a los pollos.




En otro valle, debajo de una encina, encuentro los restos de un gamo joven. Si nos fijamos en las palas, veremos que están "roídas". Las hembras de los gamos y los ciervos, las consumen para obtener calcio y sales. Hago una serie de fotografías y sigo por el valle...
A media ladera, veo dos grandes bañas de jabalí. Este animal está proliferando a costa de extinguir a los demás.




La tarde es algo más fresca que la mañana, pues se mueve un poco el aire y las nubes de vez en cuando tapan el sol. Mirando al norte, observo un panorama que se va a generalizar en los próximos tres meses, y que va a poner a prueba a todos los organismos vivos del monte...
Desde el arroyo se oyen los últimos cantos del cuco. Cuando entre julio, este canto ya no se volverá a oír hasta la próxima primavera.




El sol ya va bajo. Cerca de un arroyo seco, veo al único conejo del día. Me deja acercarme a cierta distancia y le hago varias fotografías. Los ruidos de la cámara parece que no le gustan, y muy tranquilo desaparece entre las jaras.




Por el arroyo principal todavía corre agua. En las charcas se ven ranas y crías de sapo corredor. También he visto grupos de garcillas bueyeras y algunas garcetas blancas, que vienen al amanecer y se van al atardecer. Los grandes fresnos centenarios, tienen todavía el verde de la primavera. En sus agujeros crían grajillas, cárabos, mochuelos, lechuzas, carboneros, murciélagos, jinetas, garduñas, gatos monteses...
El sol se ha puesto. En las ramas secas de un fresno veo a un mochuelo adulto. Me ha visto él primero... Me deja que me acerque un poco, y le "robo" unas fotografías...
Por la cuerda alta del valle salgo del monte... Pronto la noche todo lo cubrirá, y muchos habitantes del encinar iniciarán su vida...


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