jueves, 20 de abril de 2017

LOS PÁJAROS DEL BOSQUE EN PRIMAVERA. 2 PARTE







El monte mediterráneo de quejigos, arces de montpellier, fresnos y encinas que cubre las laderas de la sierra baja, se ha terminado de cubrir de hojas nuevas. Comienza un reto nuevo, una nueva vida, que se transformará cuando termine de tirar las últimas hojas, a finales de diciembre. Ahora, deja las puertas abiertas a toda la vida que quiera pasar por él...




El macho de pinzón común no deja de cantar desde las primeras horas de la mañana. Alegra con su canto el territorio que ha escogido en el monte, donde sacará adelante con su compañera, si el tiempo le acompaña, hasta tres nidadas.




En la ladera de la montaña, el castañar ya se ha terminado de cubrir de hojas.  A estas horas, el ambiente es fresco. Los escasos rayos del sol que logran pasar entre las tupidas ramas, ponen en el ambiente un toque de contraste.




Por las ramas del sauce viene un herrerillo capuchino. Va buscando pequeños insectos para alimentar a sus pollos.




El ambiente que ofrecen los castañares en primavera es fresco, sombrío y muy agradable. La banda sonora la ponen los arroyos y los diferentes pájaros que viven en él.




En un arroyo, observo a una pareja de mosquiteros comunes. Primero se acerca uno al agua para beber y bañarse. A continuación se acerca el segundo...




Por el fondo del valle, pasa un río de montaña cubierto por un bosque de galería de alisos. En este ambiente de grandes árboles sombríos, zarzas y rosales silvestres, son comunes los ruiseñores, lavanderas cascadeñas, algunas especies de currucas...




Pegado al tronco de un chopo negro, una pareja de chochines ha construido su mimético e interesante nido, con hojas, hierbas y musgos. En la entrada vemos a uno de los padres, que sale del nido después de alimentar a los pollos.




Ahora pasamos por la ladera de la montaña, cubierta por un denso robledal de robles melojos, acompañados por otras especies atlánticas. Si nos fijamos, veremos que el suelo ya está cubierto por abundantes helechos comunes nuevos...




Entre las ramas de un roble observo a un carbonero garrapinos... Va registrando cada centímetro. Cuando encuentra un pequeño insecto, en cualquiera de sus fases o formas, se detiene y le arranca de la corteza con su potente pico.




En esta época del año, los robledales reciben un ejército de pequeños pájaros insectívoros, que nacieron aquí la primavera y el verano pasado. Aves que necesitan para criar árboles maduros y viejos, con agujeros naturales; que controlan las plagas de insectos que pueden perjudicar al bosque y matarle. 




El papamoscas gris es uno de esos pájaros importantes que pasó el otoño y el invierno en África tropical. En el robledal va a sacar a delante dos o tres nidadas, compuestas por cuatro o cinco pollos.




En las zonas más umbrías, frescas y templadas de las laderas, aparecen las manchas de hayas. Estos importantes árboles atlánticos terminan cubriéndolo todo, no dejan que llegue la luz del sol al suelo del bosque. Como consecuencia, impiden que la mayoría de las especies forestales se hagan numerosas y habiten con ellas.




En esta época el colirrojo real se deja ver poco. En las zonas donde cría, apenas se ven sus furtivos vuelos y movimientos entre los árboles y arbustos. Gracias a su curioso canto que lanza para marcar su territorio, podemos llegar a sentirle.




En el fondo del valle el suelo es más profundo, y su humedad es más duradera. Aquí las hayas alcanzan portes majestuosos, y están acompañadas por otros árboles y arbustos.




En estos ambientes frescos y sombríos, hacen el nido los elegantes petirrojos; al pie de un árbol, arbusto o pequeña roca. En este instante le hemos pillado alimentando a uno de los pollos, con un par de gusanos verdes.




Los abedulares son los bosques de hoja caduca que se localizan en las zonas más altas de las montañas ibéricas, en el límite de los pinares o mezclados con ellos en muchas zonas. Son bosques que toleran muy bien las estaciones frías, pero necesitan suelos bien drenados, donde la humedad no falte en verano. La mancha que muestra la fotografía, está compuesta principalmente por grandes abedules y avellanos.




El macho de papamoscas cerrojillo acecha desde la rama seca de un abedul, el paso de los insectos voladores. Cuando pasa uno que le atrae, se lanza a por él y vuelve a la misma rama...




A tres kilómetros de su nacimiento, el río de adentra en un grandioso bosque de pinos silvestres. En sus orillas no faltan los abedules, álamos de montaña, robles albares y sauces de montaña.




Observado el ambiente que forman los pinos silvestres, vemos a otro pequeño duende del bosque. Va andando cabeza abajo, registrando la corteza de un pino, en busca de insectos y crisálidas. Es el trepador azul, un pájaro forestal que nos indica con su presencia que estamos en un bosque importante.






3 comentarios:

  1. Bello e instructivo, pero sobre todo por mis raíces asturianas me han llegado al alma las imagines de los castaños. Es, por decirlo de alguna manera, mi árbol.
    Anoto en el cuaderno al pinzón, el herrerillo capuchino, el simpático cochin y que mejor remate que el bello trepador azul.
    Es con lo que me he quedado después de visionar la entrada.
    Un fuerte abrazo querido ... espectacular.

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    1. Los bosques atlánticos maduros, de grandes árboles cubiertos de hojas caedizas, son variados y mágicos... A cada persona le atrae o se identifica con una especie de árbol... Eso es muy interesante, quiere decir algo... Y dentro de ese mundo mágico, habita una comunidad de fauna, también mágica e interesante...
      Un abrazo muy grande María.

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  2. Hola Juan, qué frescor se respira por tus bosques.. Sigue difrutando de la natura que es vida.. Buen fin de semana.. :-)))

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